martes, 29 de agosto de 2017

Celos



DEFINIENDO EL TÉRMINO

Celos, del griego zélus del latín zélosus, es definido por el diccionario como la "sospecha, inquietud, y recelo, de que el ser amado haya puesto o ponga su cariño en otro". Los celos tienen mala prensa, pese a ser uno de los sentimientos que nos acompañan desde que iniciamos nuestros primeros pasos en la Tierra.
La primera vez que manifestamos celos frente a nuestra pareja causamos gracia. Esa mujer o ese hombre comprenden que estamos enamorados y toman esta reacción como un signo inapelable de nuestro amor, a lo mejor hasta ese momento no declarado.
Claro está que el sentido del humor frente a nuestra explosión por celos no le durará toda la vida. El celoso acosa, persigue, quiere controlar obsesivamente su posesión.
Si pensamos en el contexto social nos preguntamos: ¿los celos son hoy los mismos que los de ayer? ¿los de la década del 30, del 50, los de los últimos quince años?
¿O los celos están "fuera del tiempo?

CELOS PATOLÓGICOS Y CELOS NO PATOLÓGICOS

Los celos consisten habitualmente en una preocupación por la posible pérdida de una persona amada o malestar por la relación real o imaginada que esa persona tiene con alguien más. Quienes sienten este tipo de celos prefieren que sus parejas permanezcan con ellos y no desean que tengan una relación demasiado íntima con nadie más. Pero cuando esos celos están acompañados de intensos sentimientos de inseguridad, auto-compasión, hostilidad y depresión y producen una baja sensible en la calidad de vida de los integrantes del vínculo, pueden ser destructivos para la relación. Allí podríamos estar hablando de celos patológicos.
Las personas con celos patológicos, exigen a su pareja que no se implique emocionalmente con otras personas. Ven como rival o enemigo potencial a cualquier ser del sexo opuesto que se acerque a su pareja (en el caso de heterosexuales) o del propio sexo (homosexuales). En ese caso suena la alarma: ¡peligro, a mi pareja se le derrite el cerebro y se enamora del otro!
Su pensamiento es rígido y dogmático, porque siente que si pierde a su pareja esto será terrible e insoportable. De allí su característica controladora, vigilante, asfixiante, insegura, deprimida en ciertos momentos, agresiva en otros y siempre dependiente. Su pacto secreto es: te doy todo pero dame todo, si no serás una mala persona y tendrás que ser castigado/a.
De allí a un acto de violencia hay un paso. El o la que sufre celos patógenos no se imagina la vida sin la otra persona, pues piensa que si se separa no conocerá a nadie más. Su contrato con el otro, como el del bebé recién nacido con la madre, fantasmáticamente un vínculo de supervivencia, y cuando se suspende la provisión de suministros narcisísticos, a través del cariño o la sola alarma de que puede perderse al ser amado, genera una defensa desesperada de esa persona. Su lema es:
Tengo que estar absolutamente seguro/a en todo momento de que mi pareja me ama, ya que necesito su amor para vivir. Y tengo que estar atento porque cualquiera en el momento menos pensado me la, lo, puede robar.
La ley del todo o nada.
En las entrevistas que se realizamos a prestigiosos terapeutas y que están contenidas en el capítulo dos de este trabajo, intentamos tres maneras de analizar los celos:
  1. Como un sentimiento o un afecto en si mismo.
  2. Definir al portador de los celos, al celoso.
  3. Indagar el hombre y sus celos pero en situación teniendo en cuenta su contexto social, educacióncultura que lo atraviesa y además las características propias de su pareja en el momento de la puntuación. No todas las personas son celosas con todas sus parejas, lo cual significa que a veces hay "provocadores/es" conscientes o inconscientes de celos, llamados vulgarmente, histéricos/as.




PROFUNDIZANDO.(los autores fundamentales)
¿ Qué dice MELANIE KLEIN sobre los celos?
Habrá sido celoso el marido de Melanie Klein. Su biografía la presenta como una mujer inquieta que con frecuencia se mudaba de ciudad y adquiría un nuevo desafío. No sólo realizó técnicas lúdicas en terapias infantiles, sino también se ocupó de grupos de adolescentes con adicciones, ya en Estados Unidos.
Para Melanie Klein existe un "Edipo temprano" que comienza a desarrollarse en la etapa depresiva del bebé, cuando éste percibe a la madre como objeto total, y se ve afectado por el fuerte vínculo que descubre entre su madre y su padre. Hanna Segal en su libro Introducción a la Obra de Melanie Klein, editorial PAIDOS, define esta situación afirmando que la misma le origina al bebé intensa frustración, celos, envidia, fantasea que sus padres están casi en coito continuo, y que se dan entre si gratificaciones que él, el bebé, desea exclusivamente para si.
Melanie Klein diferencia envidia de celos y voracidad.
Los celos se basan en el anhelo de poseer íntegramente al ser amado, al objeto de deseo, y excluir todo rival. La relación es triangular y este sentimiento es posible a partir de ese momento de la vida en la que el sujeto puede reconocer y diferenciar la existencia de objetos y de relaciones objetales. En la envidia el deseo es ser uno tan bueno como lo es el objeto, y de no poder hacerlo, intentar destruirlo para que el dolor que produce la envidia cese. La voracidad en cambio es el intento de extracción de todo lo bueno que posee el objeto sin medir las consecuencias de ese acto.


Aquí van sus definiciones, anotemos:
Envidia:
Consiste en colocar impulsos destructivos y partes malas dentro del objeto, con el fin de dañarlo, destruirlo y controlarlo. Identificación proyectiva destructiva, fundamentalmente sobre objetos parciales. Tiene un componente libidinal menos intenso que la voracidad y está impregnada del instinto de muerte.
Celos:
Se basan en la envidia, comprenden una relación de al menos dos personas y conciernen principalmente el amor que el sujeto siente que le es debido y le
ha sido quitado o está en peligro de serlo, por un rival. Son necesariamente una relación de objeto total.
Melanie Klein señala que al comienzo de la vida hay dos fuentes de ansiedad:
la interna estaría dada por el instinto de muerte que fundamenta el temor a la aniquilación y la externa, que estaría dada por la experiencia al nacer en forma de la primera castración y sería la base de las angustias posteriores.
La primera relación objetal que realiza el niño es la alimentación y se realiza con el pezón de la madre, tanto para los instintos de vida como para los de muerte, impulsos que estarían en equilibrio cuando el bebé está libre de hambre y tensión interna. El equilibrio se puede perturbar tanto por pulsiones internas como por elementos del medio, desencadenando la avidez.
Cualquier aumento de la avidez fortalece la sensación de frustración y paralelamente aumenta la intensidad de la agresión, lo que simultáneamente incrementa la ansiedad persecutoria y esta aumenta, a su vez la avidez, formando un círculo cerrado. Por otro lado, a medida que aumenta la gratificación, disminuye la envidia, la disminución de la envidia permite mayor gratificación y esto a su vez, estimula la disminución de la envidia.
Para Lacan los hombres y las mujeres no se diferencian por sí al reconocerse sino que, en tanto seres hablantes, son reconocidos, es decir, supone la asunción del propio sexo mediante la aceptación del sexo del Otro, más allá del encuentro con la diferencia sexual anatómica que describió Freud. Se trata de la confrontación con la existencia de una relación distinta a la castración, una posición distinta en el deseo, un estilo distinto en el amor, otro goce que no es el goce de uno
"No sé qué soy" es el síntoma que produce la sexuación cuando se trata del reconocimiento del sexo pero no en uno sino en el Otro. La otra al acentuar y poner en juego su feminidad me ayuda a desenfundar mi masculinidad, y viceversa.

CELOS MASCULINOS Y FEMENINOS

Freud entendía los celos bien como proyección, bien como homosexualidad inconsciente, en una gramática de la vida amorosa que se deriva del complejo de Edipo. Esto surge de dos ideas de Freud:
la fascinación por el semejante, el rival me plantea en algún punto el encuentro conmigo mismo. Identificación narcisista con el objeto letal.
en la situación de celos la persona más amada deviene en objeto persecutorio, en perseguidor.
Según esta hipótesis, los celos masculinos se explican por la divergencia situada ahora en el goce de la mujer. Se trata del "otro goce" del que ella no sabe nada y que excede el inconsciente. Es el desencuentro sin remedio con el hombre, que no quiere saber nada por el horror a la castración.
Los celos femeninos en la mujer también provienen de su elaboración del complejo de Edipo, para Freud porque la verdadera mujer es la que ha abandonado a la madre como objeto para orientarse hacia el padre.
Para Lacan, hay una lógica que distribuye las posiciones sexuadas: será hombre a condición de tener el falo y no ser el falo, y una mujer será el falo, a condición de no tenerlo. Obtiene el signo de que lo es a condición de hacerse desear por el hombre. Ella al convertirse en el falo se convierte en el objeto de deseo, de poder, el objeto que organiza el lenguaje, la vida toda. Si el deseo del hombre no le rinde homenaje, si lo que el hombre le devuelve es que ni lo tiene ni lo es, ella se deslizará por una grieta abierta.
Un esfuerzo de simetría podría hacer suponer que la degradación de la vida erótica determina los celos en la mujer. Por el contrario, ellos derivan tanto para el hombre como para la mujer, de la propia sexualidad femenina. Lo que alimenta el síntoma es la dimensión de cómo reconocer eso que habita en el Otro.
Los celos tienen que ver con la posesividad, con aquello que se siente como personal y privativo, del mismo modo que una persona se relaciona con sus tierras, sus propiedades o su ganado. Pero nadie puede sentirse celoso de su propiedad aunque pueda aplicar en su custodia un celo especial. Se sienten celos de las personas, concretamente de aquellas personas que se percibe que nos pertenecen como el ganado o la tierra y que pueden escapar de nuestra influencia y de nuestro lado para irse con un mejor postor. Sobre todo se sienten celos de las parejas, unos celos que incluyen lo sexual si se dan entre parejas sexuales y también una forma de celos que tiene que ver con la obligación de compartir con otros los cuidados de una persona muy especial o significativa (celos fraternales).
Freud llamaba a los primeros celos sexuales y a los segundos celos infantiles dado que es posible observarlos entre hermanos compitiendo entre si por los cuidados de la madre, aunque a esta conducta entre hermanos se les denomina frecuentemente celos, hoy se interpreta como rivalidad agonística, dejando el sustantivo celos para uso exclusivo de los celos sexuales.
La naturaleza psicopatológica de los celos, desde el punto de vista afectivo procede del temor: el temor de perder algo que nos pertenece, mientras que desde el punto de vista cognitivo es más bien una obligada tarea: el afán o inversión de tiempo o recursos que dedicamos para que esto no suceda. De entrada existe una diferencia entre los celos femeninos y masculinos, el temor del hombre es un temor "hacia los cuernos" o hacia la infidelidad de su pareja, mientras que el temor de la mujer es el temor a ser abandonada. La infidelidad de la mujer es para el hombre un temor atávico que es anterior a la ganancia de la confianza y que está asentado en la incertidumbre de su transmisión genética, mientras que en la mujer que carece por naturaleza de esa duda, su temor procede más bien de la posibilidad de ser desplazada por otra hembra, no tanto por la infidelidad ocasional del marido (que suele ser algo tolerable) sino por la posibilidad de que su pareja acabe por dejarla abandonada .

PERO QUÉ ES EL AMOR ENTONCES?
Freud, en el capítulo 7 de "Psicología de las Masas....."comienza refiriéndose al enamoramiento como una investidura de objeto de parte de las pulsiones sexuales. Pero en cuanto profundiza su análisis llega a la conclusión de que ese objeto, el ser "amado" sirve para sustituir un ideal del yo propio no alcanzado, y aquí entra en juego el narcisismo y con el tiempo, de persistir esta actitudel objeto se vuelve más valioso y grandioso, al llegar a poseer todo el amor de sí mismo del yo, y la consecuencia natural es el auto-sacrificio de éste.
El objeto se pone en el lugar del yo o en el lugar del ideal del yo.
¿No es este motivo suficiente para vivir con horror la posibilidad de perder al ser amado?
Si, pero el verdadero temor a la pérdida solo opera en el celoso ante la aparición de la nueva estrella de esta obra: el tercero.
El papá, el hermano, el amigo, el ex novio, el compañero de oficina que llama, el colega, el jefe. La prima, la secretaria, la alumna, la vecinita.
El tercero incluido....
Pero el primer herido no es nuestro amor, sino nuestro amor propio. ¿0yeron hablar de Narciso?



CONCLUSIONES
  1. Los celos son un afecto o emoción inevitable, y nacen en el momento en el que alguien o algo interfiere e intenta romper aquella fantasía por la cual creemos ser Uno con el 0tro (la madre). Los celos pueden ser una reacción natural ante la posible pérdida de nuestra pareja. Lo que determinará que los celos sean patológicos o normales será su intensidad, la reacción que provoquen y el hecho de que se deban a una causa justificada o infundada.
  2. La celopatía, enfermedad de celos, tiene su origen en la misma personalidad del celoso; es como si quedara fijado en la posición esquizoparanoide (Melanie Klein) dominado por el miedo al ataque y a la pérdida.
  3. Los celos pueden ser el emergente de deseos de infidelidad proyectados en el otro/a.
  4. La fascinación por el tercero es interpretado por Freud en algunos casos como una expresión de homosexualidad reprimida. Esto se debe a que nos identificamos con el rival o adversario, al cual también envidiamos y queremos sentir su placer, pero por otro lado también tenemos una identificación parcial o total con nuestra madre, y nos resuena su placer también.
  5. Los celos son una señal de debilidad, y están relacionados con la falta de confianza en si mismo del sujeto celoso, cuya autoestima depende excesivamente de su pareja (recordemos a O. Fenichel cuando se refiere a la provisión fundamental de suministros narcisisticos del lactante por parte de su madre, y la sensación de peligro de muerte que surge de la suspensión de los mismos. A esto se refiere también Hugo Pisanelli en la entrevista de este mismo trabajo al calificar como vínculo de sobrevivencia el que se establece entre el bebé y la madre en sus primeros tiempos de vida.
  6. El celoso patológico es aquel cuyo accionar movido por los celos hace sentir a él y a su pareja, que desciende la calidad de vida de ambos, o sea que la existencia de la pareja deja de ser un ámbito de comedia para pasar a ser una tragedia diaria.
  7. La envidia es querer tener, los celos son un querer retener; las entrevistas realizadas coinciden en que el tipo de relación que el bebé establezca con la madre y la forma en que tramite en su psíquis las sensaciones de plenitud y de abandono, son la plataforma fundamental para la crianza de un celoso voraz o no.
  8. La angustia y la desesperación del celoso surgen del querer inútilmente controlarlo todo, y la impotencia que sufre al descubrir que es imposible. Siempre habrá un factor externo intentando interaccionar con el objeto de deseo que lo desvela y que cree propio.
  9. Su alivio sobrevendrá al entender que puede prescindir de ese objeto de deseo y seguir viviendo o cambiarlo por otro, y que nadie ni nada podrá satisfacerlo totalmente.
  10. Los celos es un tipo de emoción y la Psicología Social en este sentido dice que puede funcionar como un mecanismo de defensa y de protección de la estabilidad de las parejas. Con un exceso de celos, entras en el campo de la patología, el otro extremo seria la indiferencia que también tendría consecuencias negativas, o sea que un mínimo manejo de emociones de celo ayuda a mantener a la pareja viva
  11. El rival puede ser un mediador, un motor pulsional del deseo, cuando el celoso necesita la aparición de ese tercero para poder desear al objeto.
  12. La función de la cura o alivio del celoso que sufre y hace sufrir a su pareja en un grupo de reflexión u autoayuda consiste en hacerle reconocer que él y el coordinador no hacen UNO. También desactivar la fantasía de que nuestro objeto de deseo es necesariamente objeto de deseo de otro imaginario que pugna por quitárnoslo.
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Fraternalmente

Luis Romero Yahuachi

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